Noviembre es #Movember

Noviembre es el mes del cáncer de próstata, uno de los cánceres más frecuentes del hombre a partir de los 50 años. Hay varios factores que pueden desencadenarlo como la edad, la obesidad y los antecedentes familiares. No suele ser un tumor que presente una sintomatología muy clara; y si se presenta, esta sería con cambios en el número de veces que el paciente se levanta a orinar por la noche, incontinencia urinaria o pérdida de potencia sexual.

El diagnóstico precoz de este tipo de patología tiene una supervivencia superior al 95% asociando además una buena calidad de vida, pero el diagnóstico en un estadio localmente avanzado o metastásico hace disminuir la posibilidad de supervivencia hasta valores menores al 20%.

Para el diagnóstico del cáncer de próstata es suficiente la realización de una analítica sanguínea con un marcador tumoral llamado PSA, y la realización de un tacto rectal por un profesional especializado a partir de los 50 años. Si, por desgracia se observa la presencia de una lesión sospechosa el siguiente punto sería la realización de una resonancia magnética pélvica y de una biopsia dirigida.

El tratamiento de este tipo de lesión se basa en dos pilares con una misma efectividad; la cirugía y/o la radioterapia. Las dos técnicas tienen sus pros y sus contras, teniendo la cirugía probablemente unos efectos secundarios más intensos como sería la incontinencia de orina y disfunción eréctil masculina que puede precisar de un periodo de rehabilitación y fisioterapia posteriormente.

El diagnóstico del cáncer de próstata no obliga en todos los estadios el tener que tratar la enfermedad. En algunos pacientes, se puede mantener una actitud expectante llamada “vigilancia activa” siguiendo la evolución de la enfermedad sin perder capacidad de controlarla, pero evitando en algunos casos el sobretratamiento (estadios muy iniciales, pacientes mayores o con enfermedades de base). En los pacientes a los que por desgracia haya que tratar es importante que desde el primer momento puedan prepararse, ya sea con ejercicios o con dieta, para poder disminuir los efectos secundarios derivados de la cirugía y de la radioterapia.

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